En la mayoría de las organizaciones públicas no hay cultura de la medición. Indicadores y objetivos cumplidos no suelen ser la norma. Hasta aquí, la realidad. Por otro lado, y paralelamente, los objetivos, de haberlos, han de formar parte de una estrategia en la cual las diferentes líneas de actuación y sus responsables trabajen y cooperen en el marco de un Plan conocido, compartido y, finalmente, evaluable.
En este marco hemos de situar la Comunicación Interna de una organización, sea esta cual fuere. Una cosa son las herramientas que están a nuestra disposición para trabajar en la Comunicación y, otra, la más relevante, a mi juicio, es qué queremos hacer con ellas, qué objetivos perseguimos, alineados con los fines marcados en la estrategia de la organización.
Pues bien, es tarea, ¿por qué no de los `comunicadores´ de la organización?, el trabajar en el sentido de promover una nueva cultura organizacional. Si la montaña no viene a Mahoma... En muchas ocasiones, liderar este tipo de procesos surge del empeño de líderes formales o informales que se atreven a conducir al resto del grupo hacia un mejor fin, o, al menos, impulsar cambios que mejoren el entorno en el que nos movemos.
Buscar alianzas y perseverar en el empeño suele obtener resultados, a veces humildes, pero, en gran parte de las ocasiones, gratificantes. La comunicación es una de las palancas más importantes para el impulso y la gestión del cambio. Nos quejamos, no sin razón, de que los líderes electos de las organizaciones de las que formamos parte no nos proponen mejoras, no apoyan transformaciones o, simplemente, no nos apoyan. Y si tomamos la iniciativa... Sumemos alianzas y seamos tenaces.
Por comenzar por algún sitio, es consecuente con la estrategia de Comunicación Interna de la organización que nuestros resultados, finalmente, sean, como decíamos al comienzo de este post, evaluables. Queríamos esto, hemos hecho esto y ahora estamos aquí. ¡Qué menos! Si no ofrecemos, como mínimo, esta información, qué pretendemos que opinen de nuestro trabajo y de los resultados objetivables que hemos alcanzado.
En este marco hemos de situar la Comunicación Interna de una organización, sea esta cual fuere. Una cosa son las herramientas que están a nuestra disposición para trabajar en la Comunicación y, otra, la más relevante, a mi juicio, es qué queremos hacer con ellas, qué objetivos perseguimos, alineados con los fines marcados en la estrategia de la organización.
Pues bien, es tarea, ¿por qué no de los `comunicadores´ de la organización?, el trabajar en el sentido de promover una nueva cultura organizacional. Si la montaña no viene a Mahoma... En muchas ocasiones, liderar este tipo de procesos surge del empeño de líderes formales o informales que se atreven a conducir al resto del grupo hacia un mejor fin, o, al menos, impulsar cambios que mejoren el entorno en el que nos movemos.
Buscar alianzas y perseverar en el empeño suele obtener resultados, a veces humildes, pero, en gran parte de las ocasiones, gratificantes. La comunicación es una de las palancas más importantes para el impulso y la gestión del cambio. Nos quejamos, no sin razón, de que los líderes electos de las organizaciones de las que formamos parte no nos proponen mejoras, no apoyan transformaciones o, simplemente, no nos apoyan. Y si tomamos la iniciativa... Sumemos alianzas y seamos tenaces.
Por comenzar por algún sitio, es consecuente con la estrategia de Comunicación Interna de la organización que nuestros resultados, finalmente, sean, como decíamos al comienzo de este post, evaluables. Queríamos esto, hemos hecho esto y ahora estamos aquí. ¡Qué menos! Si no ofrecemos, como mínimo, esta información, qué pretendemos que opinen de nuestro trabajo y de los resultados objetivables que hemos alcanzado.

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