Muy manido este debate y, sin embargo, vigente. Se han vertido ríos de tinta, ahora electrónica, sobre este asunto que continúa vivo y en permanente discusión.
No hay soluciones universales, sino tácticas y estrategias que vienen a solucionar casuísticas determinadas ancladas en circunstancias particulares. Por ese motivo, lejos de mí aconsejar a todos los interesados por este tema sobre cómo resolver este enigma sin atender a sus circunstancias singulares.
De todos modos, y con todas las prevenciones, fruto de la experiencia y de un cierto recorrido en estas lides, me atrevo a adelantar un par de, si no consejos, al menos avisos sobre lo más prudente qué se puede hacer para intentar sumar y no atorarse en la controversia.
En primer término, hacer un pequeño DAFO en el que se establezcan qué fortalezas y qué debilidades tienen Recursos Humanos y el Área de Comunicación para asumir tareras en el ámbito de la Comunicación Interna. Paralelamente, como no puede ser de otra forma, ocuparse en conocer qué amenazas y oportunidades se pueden aprovechar para alcanzar un acuerdo entre las partes, antes de que cualquier proyecto se ponga en marcha.
Fruto de este análisis y de haber pulido antes asperezas y malos entendidos, se ha de trabajar para que el factor humano, en ambas áreas de responsabilidad, no suponga un problema sino un motor hacia el fin al que encaminemos nuestros pasos.
Al César lo que es del César
Nada más irritante que ver amenazadas tus competencias. Se trata de un fenómeno típico de las organizaciones burocráticas y que se puede superar con colaboración y despejando dudas acerca de las lindes y las áreas de trabajo común.
Por eso, el esfuerzo previo en el sentido de aclarar fines y marcar límites y espacios comunes, sumando fortalezas y mermando debilidades merced a la colaboración, es tan sustancial para alcanzar el objetivo deseado.
El esfuerzo previo tiene un premio: alcanzar el objetivo sin dejarse la piel y lo que te quede de juventud en el intento.
No hay soluciones universales, sino tácticas y estrategias que vienen a solucionar casuísticas determinadas ancladas en circunstancias particulares. Por ese motivo, lejos de mí aconsejar a todos los interesados por este tema sobre cómo resolver este enigma sin atender a sus circunstancias singulares.
De todos modos, y con todas las prevenciones, fruto de la experiencia y de un cierto recorrido en estas lides, me atrevo a adelantar un par de, si no consejos, al menos avisos sobre lo más prudente qué se puede hacer para intentar sumar y no atorarse en la controversia.
En primer término, hacer un pequeño DAFO en el que se establezcan qué fortalezas y qué debilidades tienen Recursos Humanos y el Área de Comunicación para asumir tareras en el ámbito de la Comunicación Interna. Paralelamente, como no puede ser de otra forma, ocuparse en conocer qué amenazas y oportunidades se pueden aprovechar para alcanzar un acuerdo entre las partes, antes de que cualquier proyecto se ponga en marcha.
Fruto de este análisis y de haber pulido antes asperezas y malos entendidos, se ha de trabajar para que el factor humano, en ambas áreas de responsabilidad, no suponga un problema sino un motor hacia el fin al que encaminemos nuestros pasos.
Al César lo que es del César
Nada más irritante que ver amenazadas tus competencias. Se trata de un fenómeno típico de las organizaciones burocráticas y que se puede superar con colaboración y despejando dudas acerca de las lindes y las áreas de trabajo común.
Por eso, el esfuerzo previo en el sentido de aclarar fines y marcar límites y espacios comunes, sumando fortalezas y mermando debilidades merced a la colaboración, es tan sustancial para alcanzar el objetivo deseado.
El esfuerzo previo tiene un premio: alcanzar el objetivo sin dejarse la piel y lo que te quede de juventud en el intento.
