"Nada es constante excepto el cambio..." Heráclito (Sec VI AC)



martes, 4 de febrero de 2014

"La necedad es homicida"

Esta frase de Albert Camus nos alerta sobre el daño que supone actuar sin la reflexión necesaria para madurar una decisión. En las organizaciones complejas las determinaciones influyentes han de encuadrarse en una visión relacional y global de la realidad. Sin esa visión, la aparente audacia se transforma en osadía, y las ideas, en ocurrencias.

Sin embargo, es demasiado frecuente encontrar que las cuestiones más relevantes se atacan desde la improvisación, sin un plan que las sitúe en una proposición estratégica, lo que en castellano común, pero sabio, hemos bautizado "a salto de mata".

No hay cultura de la estrategia. Todo parece tomarse como si el arco temporal sobre el que actuáramos concluyese pasado mañana. La política es un factor muy relevante en esta forma de hacer las cosas. Las exigencias de la inmediatez ofrecen un estrecho margen de maniobra a los profesionales de las organizaciones públicas.

En el ámbito de la Comunicación, más concretamente en el área de la Comunicación Interna, los decisores públicos, fundamentalmente los que podemos ubicar en el ámbito político, no suelen caer en la cuenta de que la Comunicación Interna es una piedra angular para el buen funcionamiento de la organización.

Todos los esfuerzos, así como las partidas presupuestarias más golosas, se destinan al márketing público/político externo, sin atender al hecho de que una corporación, pública o privada, esta formada por personas que constituyen, sin el menor género de duda, el recurso y el capital principal para encauzar a la institución hacia el éxito o anclarla en el pasado y, en consecuencia, asegurar su fracaso.

Parece obvio que el trabajo en equipo, generar un clima de confianza, compartir el conocimiento y el aprendizaje, orientar nuestro trabajo hacia un objetivo común y compartido por todos, crear un sentido de pertenencia... es fruto de un trabajo en el ámbito de la Comunicación Interna que, a estas alturas, es innegable e insustituible.

Pues bien, si aparentemente no hay razón alguna para que no se desarrolle una mayor sensibilidad hacia la incuestionable necesidad de generar cohesión organizacional, sin embargo, aún estamos muy lejos de alcanzar en las organizaciones públicas el nivel de desarrollo que ha logrado la Comunicación Interna en corporaciones privadas de parecido rango e influencia.

Pero no es momento de lamentarse. Cada uno de nosotros puede tomar las riendas de su destino y cambiar una pizca del mundo. Concluyamos con optimismo esta reflexión: "si no puedes cambiar el horizonte, cambia la perspectiva".






miércoles, 16 de octubre de 2013

La carreta delante de los bueyes

Se da la paradoja de que muchas organizaciones se lanzan a trabajar en el mundo de las redes sociales sin antes haberse preparado para trabajar en red. La consecuencia es que las redes sociales, unas herramientas extremadamente útiles, se transforman en un problema.

Y es que previamente, a mi juicio, la organización que pone en marcha estos elementos ha de estar capacitada para el reto al que se enfrenta. La primera pregunta que hemos de hacernos es: ¿nuestra organización es capaz de evitar las disfunciones que se pueden producir por asumir estas tareas, cuyo último objeto es, o debería ser, responder a las demandas que van a trasladarnos los ciudadanos?

En tiempos de transparencia los ciudadanos están en su derecho de conocer todos aquellos aspectos de carácter público que son de su interés. Las redes sociales son un vehículo que permite una interacción en tiempo real y con una versatilidad sorprendente. ¿Podemos, pues, ser tan ágiles cómo exigen estas herramientas?

No hay modelos que nos aseguren el éxito. Cada organización responde a unas necesidades y hay que conocer bien nuestras opciones y, antes de acometer este desafío, reflexionar acerca de si la cultura de nuestra casa, la forma en que hacemos las cosas, está a la altura de las exigencias de los ciudadanos.

No se trata aquí de paralizar la iniciativa de las personas más proactivas de nuestra organización, cuya tendencia es incorporar las innovaciones tecnológicas antes de que estemos en disposición de utilizarlas inteligentemente. Sin embargo, se ha de ser consecuente con las posibilidades con que contamos. Muchas iniciativas se han frustrado antes de comenzar por poner la carreta delante de los bueyes, si se me permite el casticismo.

Consumamos el tiempo que sea menester para analizar el entorno en el que nos movemos, tanto el externo como el del lugar en el que prestamos nuestro servicio. Maduremos la decisión antes de subirnos al carro y, sobre todo, seamos conscientes de que lo más importante es que la organización esté en condiciones de enfrentar este reto con garantías.

 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Los minutos de la basura

En el lenguaje del baloncesto se llaman "minutos de la basura" al tiempo en el que ambos equipos continúan jugando; si bien el ganador del partido ya está definido, pues el resultado es tan desequilibrado que la formación que va por debajo en el marcador ya no puede remontar la diferencia. Si me permites el retorcimiento del lenguaje para llevar el agua a mi molino, en la jornada laboral de cualquier organización también hay mucho tiempo que se puede contabilizar como "minutos basura".

Sin embargo, lo peor, lo más característico de este tiempo es el modo en el que se consumen los minutos... Si tuviera que describirlo lo definiría como "desgana". Y cuando esos minutos basura se transforman en habituales, entonces de la desgana se puede avanzar hacia la tristeza y, ¿por qué no?, hacia la depresión. Hay que tener la cabeza muy bien armada para enfrentarse con éxito al reto de un sinsentido cotidiano.

¿Puedes imaginar unos jugadores que ya supieran de antemano que, sistemáticamente, se van a enfrentar a equipos a los que nunca van a conseguir doblegar y que consumirían siempre miles de minutos basura? ¿Qué puede hacer el entrenador para alcanzar su motivación, si es que quiere? Yo, simplemente, les recomendaría que se dedicaran a otra cosa o que cambiaran de equipo, si pueden... Pero, lamentablemente, es complicado fichar por otro club y, en estos tiempos que corren, aún más.

Pues bien, en las organizaciones públicas se producen a veces notables desajustes que generan gigantescas bolsas de minutos basura. A mi juicio, esta situación es fruto de la mala organización. A nadie en su sano juicio le gusta consumir su vida en un empleo que no adquiera un fin útil.

Así las cosas, ¿qué papel juega aquí la Comunicación Interna? En mi opinión, es muy importante que los responsables de los departamentos en los cuales se producen estos "desajustes" comprendan el enorme perjuicio personal y organizacional que significa la acumulación de minutos basura. Ya no se trata de que se produzca menos -ineficiencia crónica-, sino que, en muchos casos podemos estar causando un daño profundo e irreparable, tanto al individio como al colectivo.

lunes, 5 de agosto de 2013

El Roto tiene razón....

La Comunicación es una herramienta, pero también un objetivo en sí misma. Como cualquier otro servicio público, se puede y de debe procedimentar, se ha de responder a las expectativas de los clientes y se tienen que adquirir compromisos mensurables a través de sus correspondientes indicadores.

En el caso de la Comunicación Interna nos enfrentamos a unos usuarios/clientes internos muy especiales, a los que se ha de garantizar el derecho a la información y a la transparencia, cuyo conocimiento de la organización y las expectativas sobre la misma son excepcionales y cuya evaluación ha de seguir modelos diferentes.

Una Carta de Servicio puede ser un buen modelo para su desarrollo y control. Se trata de un documento de compromisos de carácter interno, cuyos usuarios son los propios miembros de la organización: “Carta de Servicios de Comunicación Interna”.

La Comunicación Interna, a mi juicio, tan relevante para el buen funcionamiento de una organización, es la hermana pobre del Marketing Público. Sin embargo, no habrá buen marketing si la organización no funciona adecuadamente y los empleados no se sienten razonablemente satisfechos de su trabajo en la misma.

En obvio que la Comunicación Interna, con ser muy importante, no resuelve por si sola un mal clima laboral. Pero, no cabe la menor duda de que una organización no adquirirá una buena autoestima colectiva sin potenciar la comunicación interna.