"Nada es constante excepto el cambio..." Heráclito (Sec VI AC)



martes, 25 de junio de 2013

La montaña nunca se acercó a Mahoma

En la mayoría de las organizaciones públicas no hay cultura de la medición. Indicadores y objetivos cumplidos no suelen ser la norma. Hasta aquí, la realidad. Por otro lado, y paralelamente, los objetivos, de haberlos, han de formar parte de una estrategia en la cual las diferentes líneas de actuación y sus responsables trabajen y cooperen en el marco de un Plan conocido, compartido y, finalmente, evaluable.

En este marco hemos de situar la Comunicación Interna de una organización, sea esta cual fuere. Una cosa son las herramientas que están a nuestra disposición para trabajar en la Comunicación y, otra, la más relevante, a mi juicio, es qué queremos hacer con ellas, qué objetivos perseguimos, alineados con los fines marcados en la estrategia de la organización.

Pues bien, es tarea, ¿por qué no de los `comunicadores´ de la organización?, el trabajar en el sentido de promover una nueva cultura organizacional. Si la montaña no viene a Mahoma... En muchas ocasiones, liderar este tipo de procesos surge del empeño de líderes formales o informales que se atreven a conducir al resto del grupo hacia un mejor fin, o, al menos, impulsar cambios que mejoren el entorno en el que nos movemos.

Buscar alianzas y perseverar en el empeño suele obtener resultados, a veces humildes, pero, en gran parte de las ocasiones, gratificantes. La comunicación es una de las palancas más importantes para el impulso y la gestión del cambio. Nos quejamos, no sin razón, de que los líderes electos de las organizaciones de las que formamos parte no nos proponen mejoras, no apoyan transformaciones o, simplemente, no nos apoyan. Y si  tomamos la iniciativa... Sumemos alianzas y seamos tenaces.

Por comenzar por algún sitio, es consecuente con la estrategia de Comunicación Interna de la organización que nuestros resultados, finalmente, sean, como decíamos al comienzo de este post, evaluables. Queríamos esto, hemos hecho esto y ahora estamos aquí. ¡Qué menos! Si no ofrecemos, como mínimo, esta información, qué pretendemos que opinen de nuestro trabajo y de los resultados objetivables que hemos alcanzado.




miércoles, 12 de junio de 2013

Víctimas del silencio y verdugos de la verdad

Vivimos tiempos de "transparencia". Ese término y su correspondiente significado, que, aparentemente sólo puede sumar adhesiones y compromisos, no se está llevando a la práctica, sino, muy al contrario, en los últimos tiempos la mayoría de las decisiones trascendentes se toman sin la requerida visibilidad.

Hoy mismo, 12 de junio de 2013, se ha publicado la información de los 2.656 despidos en la Televisión Pública Griega, que conlleva el cierre de esta empresa y de sus correspondientes emisiones. Por decreto, de un día para otro. Cabe preguntarse entonces sobre el hecho de que en una empresa pública de esta naturaleza, cuyo principal fin debería ser impulsar la "transparencia", no se ha sabido nada de esta trascendental situación que tanto significa  para el futuro de sus empleados -profesionales de la información-, así como para el resto de los ciudadanos griegos. 

He acudido a este ejemplo que me parece paradigmático de una situación que, por reiterada, no puede dejar de sorprendernos. Comunicación, interna y externa, no es únicamente propaganda. Ambos términos, en esta época, están demasiado ligados entre sí para ser capaces de distinguirlos. Parece fácil pero no lo es. 

La  información que más frecuentemente se comparte es de origen interesado, en negro sobre blanco: propaganda. Sin embargo, la información relevante, la que se toma en los consejos de ministros, en Europa, en los consejos de administración, en los gobiernos locales o autonómicos..., esa información realmente importante para nuestras vidas y la de la mayoría de los ciudadanos no se facilita hasta el último momento, a tiro hecho. 

Qué ha sido entonces de la dichosa "transparencia". En esta tesitura, bien complicada es la labor de los responsables de la Comunicación Interna de las administraciones, organizaciones y empresas del sector público. Podemos ser, a la postre, como el resto de los afectados, los últimos en enterarnos de las decisiones definitivas que tanto nos afectan. 

Con esas reglas y en esta época nos ha tocado jugar. Podemos ser, pues, sin desearlo, víctimas del silencio y verdugos de la verdad.