"Nada es constante excepto el cambio..." Heráclito (Sec VI AC)



martes, 23 de abril de 2013

¡Si Maslow levantara la cabeza! o el orgullo de formar parte de algo


 
El individuo humano es un ser social. Necesitamos formar parte de algo, que en cierta medida, sin que se considere una descripción peyorativa, nos gregarice.

Pues bien, el hecho cierto es que la organización en la que trabajamos, en la que desarrollamos nuestro desempeño laboral, la que nos da de comer, en suma, es un espacio vital sustancial. Pasamos, generalmente, decenas de horas a la semana, cientos de ellas al mes, miles al año, en nuestra organización.

Somos, como no podía ser de otra forma, también gregarios insertos en el grupo humano que forma nuestra organización. ¿Somos conscientes de cuán relevante es el hecho de que nos encontremos reconocidos y orgullosos de lo que hacemos? ¿Hemos reflexionado acerca de que sentir cierto nivel de envanecimiento por el trabajo realizado es muy relevante para alcanzar bienestar y para el buen funcionamiento de nuestra organización?

Sin embargo, la remuneración emocional, tan relevante, a mi juicio, no forma parte, habitualmente, de la Comunicación Interna. En demasiadas ocasiones, fundamentalmente en las organizaciones públicas, se escucha un adagio que, por repetido, no deja se ser equivocado: “¿de qué os podéis quejar? Tenéis trabajo fijo”.

Acudamos a un clásico: Maslow y su pirámide. En la categorización de necesidades humanas, y solventadas las materias de seguridad y necesidades básicas, el individuo de nuestra especie, para realizarse, requiere de otros elementos que le permiten satisfacer su naturaleza: afecto, reconocimiento, confianza, respeto… Todo ello forma parte, si atendemos a la relevancia que tiene nuestro trabajo en la vida que nos ha tocado compartir con los demás, de lo que antes denominaba remuneración emocional

Lo importante de este salario no está en la nómina a fin de mes. Forma parte indisoluble del flujo de Comunicación que se establece con las personas que forman la organización. Podemos tener la mejor revista interna, la intranet más poderosa, un salario razonable, una jornada sin tensión… Pero, ¿qué pasa con nuestras emociones?

Si las organizaciones públicas pecan de algo es, precisamente, de la escasa o nula remuneración emocional y, en demasiadas ocasiones, del poco orgullo que nos procura aquello que hacemos, o, por mejor decir, de su falta de reconocimiento. ¡Si Maslow levantara la cabeza!

Para ANA.

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